Por: Alejandro García Azcué

Desde hace unos 30 años a la fecha, gran cantidad de nuevos ricos han tratado de ocultar su fortuna. Antes, el dinero lo guardaban en cajas de seguridad, o en sótanos; pero esta práctica se volvió muy insegura y riesgosa, por lo que esos ricos buscaron otras alternativas de ocultamiento de sus dineros. Una de esas formas es la de guardar sus divisas monetarias en bancos y en países donde las leyes son muy flexibles y de poca regulación.

A lo largo y ancho del mundo se han creado los llamados paraísos fiscales, en los que cualquier persona puede guardar una gran cantidad de dinero sin mucho requisito y disponer de él, en el día y hora deseada, también sin mucho requisito. Otra de las grandes ventajas de guardar dinero en este tipo de bancos es que los propietarios evitan pagar impuestos en los lugares de origen de sus fortunas.

Existen empresas a modo, que ofrecen los servicios y permiten el blanqueo de capitales ilícitos, volviéndolos lícitos; este proceso se llama lavado de dinero.

Cuando el dinero obtenido es por el producto de su trabajo y esfuerzo, lo que se acostumbra es invertirlo en bienes mueble e inmuebles, pero cuando ese dinero es ilegal, lo que apremia es hacerlo que parezca legal, transfiriéndolo varias veces a empresas fantasmas. Son empresas que existen en papel, pero no existen físicamente. A estas empresas se les llama offshore.

Una empresa offshore es una entidad creada en un país o en un territorio distinto al que reside el beneficiario, mismo que goza de regulaciones más flexibles y cargas impositivas más bajas que en la nación de origen del cliente. La característica más común de este tipo de esquemas es el secretismo con el que ocultan sus operaciones y la identificación del beneficiario final.

El tres de octubre pasado, se dio a conocer que más de 3 mil políticos y empresarios mexicanos habrían llevado parte de su fortuna a paraísos fiscales con la colaboración de bancos, asesores y despachos legales. Algunos son artistas, otros empresarios como Ricardo Salinas Pliego, dueño de Elektra; Germán Larrea (empresario minero) y María Asunción Aramburuzabala (ex dueña del grupo Modelo).

Otros son escritores (como Julio Scherer Ibarra), otros más son políticos como, Jorge Arganis Díaz Leal, secretario de Comunicaciones y Transportes; Armando Guadiana, senador por Morena. También figuran amigos y familiares del ex presidente Enrique Peña Nieto, gobernadores, ex gobernadores priístas y panistas con todo y sus hijos.

En qué se gastan su dinero los ricos

Germán Larrea, dueño de empresas mineras, compró un pent-house en el Waldorf Astoria de Chicago por 11.7 millones de dólares; Fernando Chico Pardo adquirió un yate de 11 millones de dólares, y María Asunción Aramburuzabala se hizo de dos jets privados y propiedades en Estados Unidos, con un valor de cada avión, de alrededor de 50 millones de dólares.

Los hijos del ex líder petrolero Carlos Romero Deschamps presumen viajar con todo pagado a amigos que lo acompañan por todo el mundo.

También compran carros con valores que rondan los 4 millones de dólares. Inés Gómez Mont, acusada por estafar al estado por más de 3 mil 500 millones de pesos, se jacta de comprar sudaderas con precios de más de 150 mil pesos o prendas íntimas de más de 30 mil pesos. Los hijos de Peña Nieto presumían que en un día viajaban a Estados Unidos solo para comprarse tenis de 130 mil pesos.

Muchos de los diputados y senadores consumen bebidas alcohólicas que valen más de 10 mil pesos la botella, o botellas de champaña de más de 15 mil y vinos de importación de más de 5 mil pesos. Cuando la mayoría de esos ricos tienen su fortuna a costa de la corrupción y evaden impuestos, un gran número de mexicanos ganan menos de tres salarios al día (menos de 500 pesos), y más de 50 millones solo perciben uno o dos salarios.

Los ricos gastan a manos llenas. Mientras, la mayoría de mexicanos pagan sus impuestos que rondan en un 35 por ciento; estos millonarios pagan alrededor de un 3% de impuestos. Las autoridades fiscales mexicanas calculan que grandes contribuyentes evaden y eluden impuestos por unos 700 mil millones de pesos anualmente, equivalentes al 3 por ciento del Producto Interno Bruto.

Lo peor de todo esto, es que muchos de nosotros seguimos apoyando a políticos corruptos, que solo nos usan para llegar a los cargos, olvidándose de sus promesas de campaña. En Izúcar, así como en todo el país, cada trienio se forman nuevos ricos y caciques. Pero créanme que ellos no tienen la culpa. Ellos ponen sus avaricias (Avaricia: Afán de poseer muchas riquezas por el solo placer de atesorarlas sin compartirlas con nadie), y nosotros ponemos los votos para que nos gobiernen y roben.