Por: Alejandro García Azcué

Se dice que México no es un país pobre, sino que es un país empobrecido. Nuestro país, por sus circunstancias geológicas y geográficas, cuenta con una gran cantidad de recursos naturales, de hidrocarburos y de minerales.

Tenemos importantes minas de materiales calcáreos, como cal, yeso, mármol, grafito, fluorita, entre otros más, y otros metálicos, como hierro, oro, plata, zinc, cobre, bismuto, arsénico, plomo, uranio, cadmio, antimonio y barita.

Últimamente se ha descubierto en Sonora, Zacatecas y Chihuahua, grandes yacimientos de litio. Estos yacimientos son tan grandes como los de Argentina, Chile, Rusia, o los de Bolivia. Algunos investigadores dicen que los de México son aún mayores.

El litio ha adquirido gran importancia a nivel mundial, porque se usa para la manufactura de baterías eléctricas de alto rendimiento, que son usadas en todo el mundo para teléfonos celulares y equipos electrónicos, además de los carros eléctricos y dispositivos recargables, como celdas solares.

Es tal su importancia económica que, grandes compañías extranjeras, generaron un golpe de estado en Bolivia para deponer a su presidente Evo Morales, porque se opuso a entregar estas minas a dichas empresas.

En el caso de México, solo tenemos un pequeño problemita; gran parte de esos minerales y de territorios ya no son de México, es decir; se concesionaron durante el periodo neoliberal que inició con Salinas de Gortari, se modificó el Artículo 27 Constitucional, el cual prohibía la venta o enajenación de los bienes comunales.

Una vez derogado este artículo, grandes empresas extranjeras se adueñaron de los recursos que teníamos. De tal manera que alrededor de 75 por ciento de las concesiones mineras, se otorgaron a empresas extranjeras.

La superficie en México, destinada actualmente a la minería es de 21 millones de hectáreas, extensión similar a la de Chihuahua. El 11 por ciento del territorio del país está concesionado a actividades mineras hasta por 50 y 100 años.

Otro de los problemas que se generan por la extracción de esos minerales en roca a cielo abierto, es la necesidad de grandes cantidades de agua y productos químicos para su procesamiento, provocando impactos sobre los sistemas hidrológicos de las regiones donde se encuentran, en particular la disminución de las fuentes de agua disponibles, la reducción de humedales, el incremento de estrés sobre sistemas hidrológicos, descarga de agua contaminada, e incluso la alteración del ecosistema regional.

Mientras la población de esas zonas, vive en condiciones de pobreza, y con la complicidad de gobiernos pasados, las empresas no contribuyen al pago de muchos impuestos, no ayudan a la reparación de daños a caminos.

Han arrasado con ecosistemas y cuentas hidrológicas, contaminando regiones enteras, enfermando a comunidades enteras. Para muestra un botón: la región de Izúcar de Matamoros tiene oro, plata, plomo, cuarzo, yeso, cal y mármol.

Y yo les pregunto, amables lectores, ¿Saben si alguna de estas compañías ha ayudado a una comunidad aledaña a los yacimientos productores de esos materiales, con el acondicionamiento de algún camino, o ha apoyado algún proyecto social? No, creo que no. Solo les interesa obtener ganancias a costa de las riquezas mexicanas.

Por ahora el gobierno de AMLO, tiene suspendidas muchas de las nuevas concesiones que tienen en proyecto nuevas empresas mineras. Pero creo que ya es demasiado tarde porque, repito, los gobiernos PRIANISTAS, ya habían concesionado a mineras extranjeras gran parte del país.