Continúan las manifestaciones en Canadá tras el reciente descubrimiento de la muerte de centenares de niños indígenas que durante décadas fueron enviados a internados manejados por la Iglesia católica.

La furia por este tema ha llevado a manifestantes a descargar su ira en contra de símbolos de instituciones representativas de la era cuando se aplicaron estas políticas de asimilación forzosa de los menores aborígenes, como es el caso de las esculturas de la reina Victoria de Inglaterra e Isabel II.

La reina Isabel II sigue siendo monarca de Canadá a pesar de que el país se convirtió en un estado independiente en 1867. Mientras se manifestaban, las personas afirmaban que Isabel y Victoria son los rostros del colonialismo, y las culparon de esas muertes.

En Winnipeg, una multitud aplaudió cuando la estatua de la reina Victoria cayó frente a la legislatura provincial de Manitoba.

Los manifestantes, los cuales en su mayoría vestían ropa naranja, también patearon la derribada estatua y bailaron a su alrededor. El pedestal y la estatua fueron pintados con marcas de manos en color rojo.

El día miércoles dos iglesias fueron quemadas, mientras se le exigía al Papa a pedir perdón por los abusos cometidos en los internados donde se encontraron tumbas de niños sin nombre.

El primer ministro, Justin Trudeau dijo en rueda de prensa que los horribles descubrimientos han obligado a los canadienses a reflexionar sobre las injusticias que han vivido los pueblos indígenas.